Diario - Dia 7
Día 7
What looks so strong, so delicate
Korn – Coming Undone
La memoria funciona así, de una manera incomprensible y sin seguir jamás la misma senda dos veces. No se sabe de que manera la mente elige lo que es indispensable recordar de lo desechable. Muchos terminamos atesorando recuerdos inútiles e ideas formadas hace tanto tiempo que las tenemos sólo a ellas, sin nada que nos indique el momento o la situación en que fueron concebidas. ¿De que me sirve saber ahora lo que estaba haciendo aquella tarde de hace cuatro (cinco, diez, veinte. El número no importa) años, cuando River hizo el gol del campeonato, frente a Olimpo de Bahía Blanca? Sin embargo, puedo vivir ese momento una y otra vez en mi mente, sin hartazgo y sin saltarme un cuadro. No me sirve de nada, pero sé que está ahí, por las dudas.
Uno nunca sabe cuando va a venir alguien a preguntarte: “¿Y? ¿Qué estabas haciendo vos la mañana del once de septiembre del 2001?”. No me acuerdo con precisión. Se qué había un televisor prendido en una habitación cuya ventana estaba cerrada, pero no creo que haya sido de ese día. Lo más probable es que haya estado durmiendo.
Nadie sabe como funciona la memoria, pero maneja un cierto par de trucos para asociar, asentar y traer recuerdos al presente, ya sea por casualidad o de forma adrede. Los olores son una de esas herramientas. Es difícil sacarse de encima las sensaciones que despiertan ciertos aromas, en ciertas situaciones. Tal vez sean las situaciones la que permitan que el aroma prevalezca como un hilo conductor que nos termina arrastrando en esa vorágine. Todos se deben acordar la esencia, el tacto y el sabor de la piel que degustaron por primera vez, así como las palabras y las vibraciones que los fueron tensando. Ahí debe haber algo, que debe de subyacer en algún lugar más allá de donde las impertinencias diarias nos confunden, que sobrevive al tiempo y que salta en momentos azarosos: cuando caminamos por la calle, cuando tomamos el ascensor, cuando despertamos y completamos a una ciudad a punto de sumirse en su rutina.
En días como este sólo queda, para quienes estamos ajenos a este circo que se teje, tratar de descansar y distraerse, sin pensar mucho en las consecuencias de la soledad, que al fin y al cabo es la única que nos permite poner en perspectivas todas las cosas y tratar de encontrar respuestas a esas dudas que tenemos todos, más allá que algunos las tengan más o menos existencialistas que otros.
Hoy no voy a atender el teléfono, por decir un ejemplo. Voy a permanecer gran parte del día sentado escribiendo, ajeno a cualquier otra actividad, excepto ir al baño y cagar. Si tocan mi puerta, no atenderé. Dejaré que puteen allá abajo, y seguiré inclinado sobre el teclado, a la caza de las palabras que si no se escriben se pierden. Estoy harto de postergaciones. No me llevan a ningún lado y sólo me llenan de excusas falsas que no sirven para nada. Estoy harto de mis excusas.
Puede que escuche música, muy a pesar de mis vecinos, para tratar de ahogar ciertas penas que voy a seguir llevando sobre la piel mucho tiempo. Hay ciertas cosas que en el calendario no cambian. Todas las semanas seguirán teniendo siete días, sin importar cuan puestos estemos y hasta donde estemos dispuestos a perder la conciencia, y cada día 24 horas. El tiempo que no se sufre, no se vive; y ya tengo una gran deuda en cuanto a eso de dejar pasar los días pleno en la inconciencia.
Estos días han sido un infierno. Pero hasta eso uno se termina acostumbrando. Por lo menos ahora sólo me atormenta su recuerdo, potenciado en esta ausencia plomiza de una ciudad húmeda y caliente. Muchos temas me recuerdan a ella. Por eso, tal vez, y para placer de mis vecinos, hoy sólo escuche el lento meditar de mi conciencia y de mis dedos escribiendo algo que tal vez después deseé borrar. Words are very unnecessary, they can only do harm. Reflexionar sobre un fantasma empecinado en escudarse en mi flojera para superarlo.
Soy un caso demasiado patético, Dios.
Abajo, en el mundo real, creo que todo seguirá más o menos los mismos cursos de toda la vida. Gente vivirá y sufrirá, algunos se sentirán alegre pero no sabrán que todas las alegrías son efímeras, otros entrarán en depresiones que los hará analizar las cosas desde un punto de vista radicalmente distinto al anterior. O puede que no. Tal vez yo estoy tan harto de tener estos quejidos sobre mí, que no veo la hora de terminar con todo esto de una buena vez. Pero soy cobarde. Demasiado cobarde, para ser honestos.
sus encantos de mujer perdida,
disfraza las llamas que encienden
las ciudades tras sus pasos,
en donde reina el silencio
de una ausencia insoportable,
hecha de ecos muertos
entre esquinas siempre extrañas
e imprecisas.
Después de sus pies
dibujados en las aguas
que bajan hacía diques
hechos de memoria,
sólo queda callar y hacer
de los rostros mudos,
el himno de nuestra esperanza”
No me dejo tentar por la promesa de eternidad vacua que escucho desde más allá del balcón. Mis amigos temen por eso, no se por qué. La vida vale demasiado como para pagar con ella el despecho de un abandono, que al fin de cuentas es un rechazo más dentro de una sociedad que nos enajena de uno u otro modo.
Tarde o temprano despertaré de esta pesadilla. Lograré sacarme de encima el velo de sus estantes vacíos, de la espera de un llamado y de soñar con volver a sentir con tus caricias, sin importar el tiempo que haya pasado. Porque por más que haya toda una industria a documentar su paso, el tiempo es una de las percepciones más personales que podemos hacer de este mundo lleno e imperfecto en sus certezas.
Words are meaningless and forgettable




