Existencilism, de Banksy

Algunas veces hay cosas que te dan entre los ojos y no podés dejarlas pasar tan fácil. No siempre uno puede apostar a que las cosas se nos van a cruzar una y otra y otra vez hasta que nos demos cuenta que el momento es ahora.

Había oído hablar (leído, en realidad) de Bansky buscando información por diversos lugares, interesado en cierta forma por los graffitis y el stencil, pero nunca le había prestado bastante atención a lo que este hombre podía llegar a decir o hacer.

Para ponerlo de algún modo, era tan sólo un ejemplo más de una movida que no me atraía demasiado.

Eso fue hace tres años, ponele. Tres largos años.

A principios de este año me volví a cruzar, de alguna forma, con él. Sólo que lo hice de la forma en que menos lo pensaba: Prestándole atención a cada palabra grabada en las diversas paredes de Córdoba, a la forma en que, caminando por el Abasto y de noche, el Suquía brilla de otra manera y el mundo no parece ser ese lugar de mierda en donde no tenemos ni voz ni voto.

Y hoy fue el tercer día. Y tengo miedo que no se vuelva a repetir ese cruce que tantas cosas tiene para decirme.

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May 24th, 2008 | Alguien ya dijo algo

The Fight Club, de Chuck Palahniuk

Empecemos con una de esas frases que a uno se le quedan grabadas a fuego en la mente. Esas que uno dice “puta madre, me hubiese gustado estar en la cabeza de ese chabón cuando escribió eso”.

The first rule about fight club is: you do not talk about the fight club

Ahora, miremos a quién lo dice. Tenemos un hombre llamado Tyler Durden hablando desde un círculo que a la vez son las sombras. Un hombre que se recorta y destaca, que porta una voz oprimida, y que le otorga a todos la sensación de estar presenciando un espectáculo incorrecto. Él es incorrecto. Es irreal, pero aún así tiene forma y fuerza. Y hay gente que le asiente.

Chuck Palahniuk, un escritor norteamericano, hace uso de un estilo preciso, telegráfico, para retratar de una forma perversa y obsesiva al inconformismo oculto que esta sociedad siembra en sus personajes. Ninguna palabra sobra. La concisión le da la pureza y su obra, como sus personajes, niegan de una perfección estilistica radicada en una poética innecesaria. No le hace mal a la obra, sino que la beneficia y creo que se podría concebir este libro sin las palabras que utiliza. Podría contarles la historia, pero no sería lo mismo. “The Fight Club” se define por sus propias palabras.

La historia es corta. Trata sobre la vida de un infeliz que se da cuenta que no todo en la vida es lo que parece. El protagonista es un ser despreciable, alguien que podriamos olvidar tres minutos después de haber hablado con él, que tiene un serio problema: El insomnio. Como su médico no cree que sea un problema en serio, le aconseja a que vaya a reuniones de grupos de ayuda de pacientes con cancer. Para poner en las cosas en perspectiva, le dice. Para que se deje de joder, bah.

El retrato del americano medio que realiza Palahniuk es excelente. La forma en que busca la sociedad dar sentido a sus vidas mediante lo que poseen materialmente se va transformando en una enfermedad a la cual la solucion es una sola: La destrucción. “Quiero que me golpees lo más fuerte que puedas”, le dice Tayler a el protagonista. En el universo de “El Club de la Pelea”, ese universo oculto tras las fachadas decadentes de sus personajes, en esas historias retorcidas donde lo bello no tiene lugar y la falta de algo que llene el vacio existencial de sus personajes se transfigura en las violentas conductas que acarrean la historia.

No puedes esperar de la perfección más que un instante

Tyler Durden toma la voz cantante y va marcando el ritmo y los sucesos. Todo cuanto acontece tiene que ver de un otro modo con Tyler en un primer grado, y después con el resto del mundo.

A medida que los capítulos corren los hechos se van tomando más dramáticos: La destrucción, en todos sus sentidos, va radicalizando a los personajes en sus posturas y en sus acciones, escalando todo hasta un climax impresionante.

El estilo de Chuck Palahniuk es de un minimalismo absorbente. Cada letra, cada palabra, cada párrafo parece tener intrínseco la necesidad de ser preciso y contudente. Todo está puesto para golpear entre los ojos al lector y mantenerlo atado a ese mundo donde la violencia y la autodestrucción son la unica manera de ser verdaderamente libres.

Lamentablemente, el libro en papel es muy díficil de conseguir. Casi imposible. Así que les aconsejo que, si quieren leerlo, se pasen por la biblioteca de Genio Maligno, que es de donde yo lo saque.

March 13th, 2008 | 2 dijeron algo

Disparen contra Potter

No sé porque hay tanto ensañamiento con la obra de Rowling. No entiendo porque se la ataca una y otra vez. No sé que mueve a ciertas personas a despotricar contra esta serie. Una serie de libros, que al fin y al cabo, es de literatura infanto juvenil, y a la que no se le puede pedir el mismo vuelo poético y la profundidad que a los libros de otros autores, como Umberto Eco o Tolkien, por nombrar a un contemporáneo de Rowling, y a otro que maneja una temática similar.

Particularmente, mi impresión de HP no ha variado mucho en el tiempo. Debe ser porque me da lo mismo leer autores consagrados, sin hacerle asco tampoco a la lista de best sellers, en donde se saben colar de tanto en tanto libros muy buenos. “El nombre de la rosa”, por usar el ejemplo de más arriba, de Umberto Eco, fue best seller, y no por eso se lo demoniza del mismo modo que a Rowling y a su “niño pródigo”.

El primer libro entero que leí en mi vida, y me acuerdo bastante bien, fue “Harry Potter y la Cámara de los Secretos”, el cual leí después de ver la película del primer libro. Después leí el primero (mucho más adelante) y algunos de los otros (el del prisionero de Azkaban lo leí una sola vez y después de haber leído el quinto; y al sexto no lo leí), y así fue como fui empezando a leer. Me considero un buen lector, dentro de mis recursos, y mis primeros pasos fueron gracias a Harry Potter, aunque ahora esté enfrascado en la lectura de “Historia Universal de la Infamia”.

El principal mérito de la saga es haber impactado de tal modo que de seguro ya se tiene asegurado su lugar para la literatura del futuro. Forma parte, por otro lado, de los últimos años de los noventa y de los primeros de este siglo. ¿Quién no se va a acordar del “torbellino Potter” que se desató sobre está década? ¿Quién va a poder hacer oídos sordos a las estadísticas que hablan de uno de los libros más vendidos de los últimos tiempos?

Las cualidades que yo encuentro en la saga en general, son varias, empezando por la simpleza del estilo. Que no tenga un léxico envidiable, poético, de alto vuelo, no quita que sean buenos. Algunas veces, entre el estilo y la aventura, en la narrativa, sacrificar el primero hace que el desarrollo avance. En la novela, más si está apuntada a gente que recién se está iniciando en la lectura, importa la aventura más que hacer una reflexión sobre la sociedad o llevar a cabo un manifiesto político. No se le puede culpar a Harry Potter de ser un libro aparentemente simple sólo porque no critica la estructura social o no hace una reflexión sobre ella.

Otra cualidad es la naturalidad con la que cada libro recapitula a los anteriores. No se hace estrictamente necesario (aunque nunca está de más) leer “el prisionero de Azkaban” para saber quien es Sirius Black, por poner un ejemplo. Te perderás ciertos detalles, pero lo que necesitas saber si o si (“¿Quién es este jodido Sirius Black del que tanto hablan?”), está ahí, casi a cada vuelta de página.

El ritmo: La gran sorpresa. Siempre que leí un libro de la saga me sorprendió la facilidad con la que se leen. Al ser pura historia, y dejar un poco de lado las cuestiones estilísticas, el libro avanza a una velocidad pasmosa. Con el último libro, me llevé la sorpresa que eran las cuatro y media de la mañana y que había leído doscientas páginas (casi un tercio del libro). Es impresionante.

Después está el fenómeno que se desató. La “Pottermanía”, o el nombre que quieran darle, es el suceso literario más importante de los últimos veinte años. Lo que generó esta saga, tantos en chicos y grandes, es sencillamente indescriptible. Niños, jóvenes, adultos, ancianos, todos enganchados con un libro mediante el cual se revitalizó la literatura popular: Rowling logró interesar a chicos y jóvenes en la literatura, más que ningún otro escritor en mucho tiempo. Chicos y jóvenes que dejaron un poco la mierda de la televisión a un lado, para hacerle un espacio a los libros en su vida.

Tal vez ese haya sido el mayor mérito de la serie. Porque Rowling sembró la semilla, pero los lectores despertaron el fenómeno. Un libro sin lector es sólo medio libro, porque el mensaje queda incompleto. Fueron los lectores quienes compraron el libro, quienes forjaron el fenómeno. Esto generalmente lo dejan de lado al analizar un libro.

Otros cualidades destacables: La imaginación de la autora, la dinámica del mundo mágico que propone y la forma en que se relaciona con el mundo real, la moraleja final de los libros que, aunque sean simples, hacen efecto en lectores de temprana edad.

El mayor déficit se encuentra en los personajes, a mi parecer. Son acartonados y hasta previsibles, y esas cualidades se mantienen a lo largo de los siete libros, por más que los sucesos les den motivos a los personajes. Están los muchachos impetuosos y algo tímidos (Harry y Ron), la chica inteligente y escéptica (Hermione), el matón y su grupito (Malfoy y los otros dos), el profesor hijo de puta (Severus Snape, que resulta ser por lejos el personaje más desarrollado), el anciano sabio (Dumbledore) y el malo más malo de todos los malos (Voldemort, llano, simple, quiere ser malo por el hecho de ser malo y así poder aplastar a los sangre impuras, cosa que quiere hacer desde el primer libro, pero que nunca logra. Debería abrir un poco sus horizontes, el hombre este.).

Sacando ese punto negativo, las relaciones entre esos personajes (que vendrían a ser los principales y de peso a lo largo de la saga) son las que mueven el hilo conductor y hacen precipitar o retrasar los acontecimientos a lo largo de los diferentes tomos, algo que no sería lo mismo si los personajes no fuesen siempre bastante parecidos, libro a libro.

En fin, Harry Potter es uno de esos libros ya consolidados en el imaginario popular, que despierta mucha simpatía, ya sea por la historia o por el trasfondo que esta tiene (la pobre de Rowling, escribiendo la historia en un bar, sin un mango partido en tres partes, etc etc etc), y que, aun mas importante, despierta la curiosidad lectora en gente que jamás habría agarrado un libro, de no haber sido por esta mágica aventura de tres amigos en busca de derrotar el mal que amenaza con todo lo que conocen.

March 6th, 2008 | 9 dijeron algo

Recomendacion Semanal: "La Torre Oscura I: El Pistolero", de Stephen King


Es la segunda vez que me topo con este libro, con varios años de diferencia y con capacidad de hacer unas lecturas un tanto más profundas, y es la segunda vez que esta épica, desarrollada en un mundo anacrónico, me termina complaciendo y asombrando, como la mayoría de las obras de King, quien es un autor con una gran capacidad y que en este texto se arriesga mucho con la metáfora de elementos modernos y de la concepción del espacio, el tiempo y el universo.

Pero, vamos por partes. El tomo que reposa sobre este escritorio es la nueva versión, la primera edición de julio de este año, a cargo de Plaza Janés, la editorial española que se encarga de cobrar cerca de cien pesos por este libro, lo que, a mi parecer, es un tanto caro, teniendo en cuenta que generalmente por ese dinero se consiguen los tomos en su lengua de origen. Lo bueno de esto es que es una edición revisada, ampliada, introducida y prologada, con capítulos nuevos, explicaciones del autor sobre lo que a él le parece el libro y sobre el génesis de la obra y las modificaciones que se le han agregado. Ahora, lo malo de esto, es que tienen que reeditar cuatro tomos, que hacen a la primera hipotética parte de la saga “La Torre Oscura”. Esos cuatro tomos, si se cobran al excesivo precio de este mismo libro, significarían cerca de cuatrocientos pesos. El dilema es que el libro y la saga son excelentes, ¿qué fanático (por más qué tenga las ediciones anteriores) no se animaría a comprarlas?.

Hablar de Stephen King es una redundancia, a esta altura del partido, jugando ya tiempo extra y con un penal a favor. Todos saben que es un escritor un tanto controversial, no tanto en el ámbito editorial, donde es un best seller, sino en el intelectual y literario, donde es aún bastante fácil encontrar muestras de snobismo y cierta resistencia a aceptar que lo popular también puede tener profundidad. Por eso, King es tan amado por unos como odiados por otros, aunque la obra producida por el autor estadounidense, no sólo en el género del terror, sino de la ciencia ficción y hasta se ha jugado con un ensayo biográfico, ha ido inclinando la balanza hacia el lado de la aceptación, aunque sigue levantando polémica, de tanto en tanto, como cuando ganó la (esperen que consulto el cuadernillo de ingreso a la facu) medalla de The National Book Foundation for Distinguished Contribution to American Letters, que hizo que algunos críticos levantar la voz e hicieran algo de quilombo, cuando más que merecido se lo tiene.

Sobre la Obra, lo que podemos decir no es mucho más de lo que aparece en el prólogo: Tiene una notable influencia tolkeniana, metáforas cotidianas y la forma en que se desarrolla al relato va moviendo al personaje principal (el Pistolero, The Gunslinger en inglés – ese nombre es genial) entre un pasado lejano, puro en la vida del lejano Oeste, y un futuro lejano, antes que “el mundo se haya movido”, como dicen varias veces los personajes, en referencia a la forma vertiginosa, duradera y certera con la que los cambios se dan. Una curiosidad: Los capítulos que componen la obra fueron primero cuentos que fueron publicados en The Magazine of Fantasy and Science-Fiction, entre 1978 (edición y aparición del cual sería el capítulo 1, The Gunslinger) y noviembre de 1981 (edición y aparición del último capitulo, The Gunslinger and the Dark Man), y que después serían recopilados en este jugoso tomo, cuya primera edición en español fue la de 1992, traducida por Jorge Luis Mutieles.
La historia trata sobre un pistolero, llamado Roland Deschain de Gilead, que vendría a ser algo así como una especie de jedi o miembro de una orden mitológica, que se encuentra en persecución de un hombre vestido de negro, por razones que el autor no da a conocer muy bien. O que sí. O que no. En fin, cuando se llega a la mitad del libro uno se encuentra más preocupado por saber como hizo Jake, un muchachito de New York, para aparecer en una estación de paso, que por la figura negra, diminuta, que aparece y pierde de tanto en tanto, siempre en el horizonte. Es ahí donde entra a jugar la genialidad del autor: Jake pertenece a otro mundo, nacido vaya a saber donde, pero por las referencias que hace, Roland Deschain lo ubica en otro tiempo de su mismo mundo, aunque no se termina por saber si está en lo correcto o no.

Funciona bien como excusa, y hace llevadero el relato, la inclusión de las grandes distancias (el desierto, el paso de la montaña) como metáfora del tiempo. Roland y Jake se transforman en seres imperecederos mientras se mueven dentro de eternidades y eternidades de granito y arena, y a la vez, es como si recorriendo eso fueran trasladándose entre diferentes épocas, diferentes tiempos, que le son tan ajenos como tristemente reales.

El hombre de negro huía a través del desierto, y el pistolero iba en pos de él.
El desierto era inmenso, la apoteosis de todos los desiertos, y se extendía bajo el firmamento en todas las direcciones como una eternidad. Blanco, cegador, reseco, desprovisto de cualquier rasgo distintivo salvo por la tenue silueta brumos de las montañas recortadas en el horizonte y por la hierba del diablo, que producía dulce sueños, pesadillas y muerte. Alguna que otra lápida señalaba el camino, pues el borroso sendero que serpenteaba sobre la gruesa corteza alcalina otrora había sido carretera. Por allí habían pasado diligencias y bigas. Desde entonces, el mundo se había movido. El mundo se había vaciado.

Esos son los dos primeros párrafos de una obra que en su concepción y escritura se lo más cercano que se puede ser a “eterna” y anacrónica. Fue escrita durante un periodo de treinta años, y la culminación de la serie llegó recién en el tomo siete, en el año 2003, 21 años después de la primera edición (limitada, de lujo) que se hizo del primer tomo que estuve leyendo en estos días.

La búsqueda, inmensa como el desierto que la enmarca, es el centro de todas las vidas, y ellas se ven encausadas en pos de un objetivo, que se encuentra siempre distante, borroso, y, a veces solamente, se vislumbra como una certeza, escalando montañas o acampando lejos en el horizonte. La cacería de Roland se basa en eso. La de todos nosotros también, sólo que nos hace falta la ambición de calzarse los revólveres y salir andando en su búsqueda.

November 21st, 2007 | Alguien ya dijo algo

Recomendación Semanal: "Las Uvas de la Ira", de John Steinbeck

Bueno, antes que nada, las disculpas solícitas al caso. No fue nunca intención mía retrasar tanto una crónica que vengo escribiendo desde el momento mismo en que empecé a leer el libro, sino que por factores a veces ajenos, a veces vagancia, la fui postergando hasta tener la certeza de estar en condiciones de escribirla y de bancarme las críticas que puedan hacerme ustedes sobre lo que yo opino. Por otro lado, quise dejar pasar algo de tiempo para menguar un poco el asombro que me produjo tan similar obra. Pero ha pasado ya casi más de un mes que la leí (y en estos días he leído a Dolina, algo de Arlt y toda la Saga de los Confines, de Liliana Bodoc) y sigo con el mismo estupor encima. Es hoy. El tiempo de escribir esto es hoy.

Hay algunos libros que poseen la extraña cualidad de ser incitables, por diversos motivos, que van desde el pésimo uso del lenguaje y la gramática, que vendrían a jugar el papel de motivadores a la hora de enfrentarse al papel, ya que uno se da cuenta que puede escribir mucho mejor que eso, pero anda con miedo de convertirse en exactamente eso; y libros de tal calidad lírica y profundad que lo único que logra es maravillar al lector y poner en duda su capacidad de dejar un rastro en la tierra que vaya más allá de su pasajera sombra.

Hay libros y libros, es cierto, todos únicos, a su modo, pero es inevitable pensar que demasiadas producciones se parecen entre sí, más si pertenecen a un mismo autor. De todos los escritores que uno lee, uno se forma, , y por eso en un principio hay que buscarse variedad a la hora de armar la biblioteca. La conjunción de esos estilos forman al propio, el cual uno tiene que forjarlo hasta llegar al punto en que uno crea que ya sea suficientemente aceptable, punto en donde nos encontraremos recién en el comienzo. Todo esto forma parte del proceso natural de formación, hasta que uno se encuentra con libros como este, por ejemplo.

Perfección. Si tuviera que definirlo con una sola palabra, esa de seguro sería, por todo lo que el libro, deja entrever, dice y calla Porque un libro es mucho más que el autor que lo escribe y las palabras que cargan sus páginas. Un libro (en este excelso caso, una novela de mediados del siglo XX) es todo el entorno donde fue escrito, donde radica su crítica y donde s forma la concepción de un mundo y la sociedad que habita ese mundo. Por eso “Las Uvas de la Ira” alcanza y supera la perfección. Por eso alienta y desmotiva al mismo tiempo. El que lo lee y escribe, como llamo a este humilde intento, busca alcanzar el ritmo, la soltura y la habilidad de tan exquisita pluma, aun sabiendo que es de llano imposible.

Un tiempo, un contexto, nos obliga siempre a contar nuestra verdad, limitada por aquello que podemos, queremos o decidimos ver. La historia en sí es el relato que, de forma incuestionable, se considera veraz cuando lo escriben los triunfadores, y es lo que perdura en el recuerdo de una sociedad exitista pero victimizada al mismo tiempo. No se cuestionan argumentos que se consideran irrefutables por el hecho que en su formulación parecen ser irrefutables, al tiempo que la gente, al ver esto, no se preocupar por refutarlos tampoco.

La novela se basa en esto. La historia incómoda, que molesta y que no se cuenta por su contenido y mensaje, y más aún por la realidad que muestra, libre de tapujos ante el ojo de una sociedad que hizo oídos sordos y hasta se burló de una desgracia tan ajena que, en la paradoja de los desastres de hoy, se muestra irónica. Un mensaje de abandono para unos, de avaricia para otros, se dibujan en los retratos costumbristas de diálogos, personajes y paisajes, que se suceden en los pasajes del libro.

La historia en sí, es una verdadera desgracia. La emigración y un viaje eterno con visos de huída galopante plantean la triste realidad que la tragedia, cuando se ensaña, persigue, y hasta parece ser implacable. La familia protagonista se ve presa de un extraño exodo desde las tierras que le fueron expropiados por los bancos hacía el futuro incierto que espera del otro lado de un continente que abarca todas las formas de la naturaleza: Ríos, ciudades, montañas, desiertos. Y del otro lado del continente, en aquel momento la pujante California, no están del todo listos para recibir y convivir con los venidos de Oklahoma, Oregon y Mississipi, desplazados por la sequía y la ambición.

Situada en las épocas del siempre enseñado como flamante new deal norteamericano, el libro cuenta las desgracias que los libros de historia apenas pasan por arriba. Sin hacer ninguna referencia espacial o temporal, algunos indicios permiten ubicar este libro hacía finales de la década del ’30, que es cuando fue escrito, cuando la gran Depresión, ayudada por una fuerte sequía, se hacía sentir. Steinbeck no se calla nada. Es brutal en las descripciones de las desgracias, en la forma en que cuenta el derrotero de una familia completamente desposeída, que figura como reflejo de otras tantas miles que sufrieron parecido o igual destino. Los hechos nos muestran el lado de la “pujante América” que ahora todos conocemos: la intolerancia, la avaricia, el desprecio hacia sus mismos hermanos, el fanatismo ideológico que aún hoy (hoy, setenta años después de haber sido escrita la novela) perdura en muchas mentes.

Por decir eso, por no callarse nada, por mostrar la realidad diaria de esos héroes anónimos que derrotados siguen batallando (hasta en la misma última página, en este caso), Steinbeck fue censurado, su obra prohibida y estigmatizado por ser un autor que iba en contra del status quo de una sociedad fundada en la burguesía y acostumbrada a historias rosas de victorias. Todos sabemos que, cuando se ensaña un gobierno con un autor, la historia termina dándole gran parte de la razón al oprimido. Pasó con Walsh, pasó con Steinbeck, quién gano, entre otros premios, un Pulitzer y el Nobel.

La popularidad alcanzada por la novela y el revisionismo histórico terminaron creando uno de los clásicos de la literatura americana, y no se si mundial.

Otras obras dignas de mención son: La luna se ha puesto (1942), Los arrabales de Cannery (1944), El ómnibus perdido (1947), El invierno de nuestro descontento (1961) y Norteamérica y los norteamericanos (1968). En 1962 escribió Viajando con mi perro, un relato autobiográfico de un viaje por Estados Unidos en compañía de un caniche.

November 21st, 2007 | 2 dijeron algo

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