El terrible pesar del buen psicópata (II)

¿Como podría hacerlo? ¿No estaría cometiendo un nuevo error? ¿Acaso importaba?. Las preguntas en su cabeza y el café recién servido en la mesa. La moza que le sonreía (de algún modo cuando menos sospechoso) y le tendía unos sobrecitos de ázucar. Todo a su momento, che. Todo a su momento.

Abrió uno y volcó una cascada de cristales dulces sobre la espuma sucia de la taza. Con movimientos reflejos lo fue batiendo mientras le iba agregando la crema que le había alcanzado esa moza (esa muchacha de mirada tan extraña que aún debía de mirarle desde el mundo oculto detrás de la barra), dándole una tonalidad cada vez más clara a la bebida.

El diario que tenían en el bar era uno viejo y se sabía casi de memoria todas las noticias. La desaparición de aquel muchacho, las sospechas, las denuncias cruzadas y toda la misma mierda que debían de figurar en la contratapas de todos los matutinos, no sólo aquel. Era un fiasco ver como todo tendía a repetirse y perdía su capacidad de sorprender.

Era evidente o que ya nadie mordía perros, o más bien que todos se habían acostumbrado.

Sonó el celular. Respondió y hablaron unos minutos. Los necesarios. Comentaron las mismas pelotudeces que la otra vez y terminaron saludandose. Al cortar, suspiró con algo de frustración. No sólo el mundo parecía un descerebrado track repitiéndose sin control dentro de algún Ipod, sino que esa moda extraña se iba mezclando en todos sus asuntos.

Miró la mesa en donde estaba, pensando cuantos rostros había visto al frente suyo y cuantas promesas vacías había oído. Leyó los mismos titulares de siempre y se descubrió harta de haber leído lo mismo tantas veces, incluso desde ese mismo lugar.

Odio la llamada que había recibido y al boludo que la había hecho. Todo lo mismo. Nada original, la puta madre.

Corrió la taza y un círculo se había dibujado en el papel, encerrando una letra en una prisión tan frágil como los nervios que se tensaban en su interior. No le prestó atención, mientras sacaba la billetera y llamaba a la moza, esa extraña muchacha que le sostenía la mirada desde que había entrado. Sacó también del bolso una lápicera, un anotador y un espejo para arreglarse el lápiz labial.

- Do you need anything, miss? - le preguntó la muchacha.
- Bring me the check, please - le respondió.

Mientras la camarera se alejaba, contempló el ir y el venir de su trasero, el perfil de las caderas y leyó ahí una promesa de ruptura. Algo con que destrozar todo el tedio que había atado su vida a esas charlas de abandono en un bar.

La chica le entregó la cuenta, pero no le importaba. Pagó y le pusó un papel garabateado a las apuradas en uno de los bolsillos del delantal.

- I’ll wait you until eleven, tonight - le dijo, después de morderle la oreja y rozarla toda al intentar salir.

July 8th, 2008 Posteado como Cuentos, anda a saber...

2 dijeron algo to “El terrible pesar del buen psicópata (II)”

  1. Lucas... Dijo:

    “Era evidente o que ya nadie mordía perros, o más bien que todos se habían acostumbrado.” –> ‘la noticia no es el perro’

    se refiere a lo que creo que se refiere?… creo que leímos el mismo post de casciari



  2. matias llorens Dijo:

    Lo leí, pero no se refiere precisamente a andar escribiendo por ahí con una tiza metida en el culo xD…

    En todo caso, es un postazo…

    Un gusto verte por aca, che =D



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