El terrible pesar del buen psicópata (I)

Tenía que ser convincente. La mentira se lo pedía a gritos. Un edificio en llamas en el medio de la noche era ese grito. Un faro improvisado que marcara los límites hasta donde un hombre podria caminar, hasta donde las agujas de un reloj pudieran marcar.

Ya había limpiado todo y el sonido que tendrían que entrar a través de la puerta aun no había llegado. Eso era, para él, un gran problema menos, mientras el mutismo de sirenas y golpes y todo el demás puterio ya vivido con anterioridad. Es que los problemas lo persiguen con una sagacidad impresionante y él lo sabe, piensa mirando el espejo, lavándose las manos y pensando en tercera persona. Él es medio tonto y se le da por tropezar dos tres cuatro veces con la misma piedra y, aun así, levantarse, volver tres pasos atrás y volver a tropezarse.

Lo que se dice, “un señor pelotudo

Se acomodó el pelo, cerró la canilla, tarareó en voz alta una canción de hacía medio siglo atrás y se preparó para romper la cómoda noche de todos los sábados. Fue a su cuarto, cerró el cajón abierto, y se colocó el reloj pulsera. En el reflejo apagado de las agujas ensayó su mejor sonrisa y acomodó los locos pelos de su frente, atento a la puerta, al bocinazo y a la cerveza que esperaba de seguro en la barra de esa fría noche.

Apagó la luz y las instancias finales latieron con fuerza en su pecho. Pensó en su sonrisa, en el frío de su mano y en la blancura de su piel. Cerró la puerta, después de despedirse de la habitación vacía.

- See you latter, Mike.

Un haz de luz se oscureció, dejando el brillo de un cuchillo muerto sobre la almohada de su cama. Afuera, creo, sonaban las bocinas de los autos, apuradas por llegar a la esperanza de intoxicación severa y de camas con desconocidas. Oh, yeah, baby. Un fin de semana a la vieja usanza, a los caminos con piedras y tropiezos.

- Hurry up, man - gritaron desde el auto, un Coronado verde y una deuda con la adolescencia saldada.
- Coming… - respondió, acomodándose por enésima vez la ropa, mientras cerraba la puerta y palpaba disimuladamente lo que llevaba en el bolsillo.

Preservativos, un porro y la nueve milimetros. Oh yeah. Una noche de puta madre.

July 2nd, 2008 Posteado como Cuentos, anda a saber...

2 dijeron algo to “El terrible pesar del buen psicópata (I)”

  1. sol Dijo:

    anda a kgar no tns ninguna imagen puto/ta



  2. matias llorens Dijo:

    o.O



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